17 de julio de 2019

¿Cómo se hace...?





Cómo, cómo se hace
Para creer que existe Dios, que te ama, que tiene un plan, que escribe una historia de amor con tu vida?
Cómo se hace para nada más creer en algo, no importa qué, sin desear verlo?
Cómo... cómo se hace para no postergar mis obligaciones cada vez que el tiempo apremia para que las cumpla?

Cómo se hace para creer que sos buena persona cuando la gente que más te conoce sólo señala tus errores y falencias?
Cómo se hace para no esperar lo que nunca volverá?
Cómo se hará para creer que todo es posible y no preocuparse por el mañana...
Cómo se hace para no temerle a lo inevitable, para aceptar un final, para comenzar otra vez, por enésima vez?
Cómo se hace para recuperar los trozos del alma rota por una esperanza fallida y sin esperanza, por un amor que no fue, por una historia de mierda?
Cómo, cómo se hace para hablarte cuando no querés hablarme... ni escucharme... ni verme.
Cómo se hace para no pensar que tu ausencia es que no te importo, que tu silencio es que no querés iniciar nada nuevo, que ya no querés saber de mí?
Cómo se hace para parar de pensar...
Cómo se hace para soltar sin sentirse abandonado?
Cómo se hace para olvidar el desprecio, dejar la vergüenza a un lado, secar las lágrimas y levantar la mirada, así nada más?
Cómo se hace para recuperar la dignidad, desarrollar la autoestima, dejar de autoflagelarse... sin mirar nuestro reflejo en los demás?
Cómo, para librarse de la sensación oscura de que mejor no haber existido o no haberte conocido o no haber sido contigo por tan breve tiempo...
Cómo se hace para no enfocarse en lo que salió mal...
Cómo para no convencerse de que debo permanecer oscura para que brillen los demás...
Cómo, para no mirar y opinar por los otros, ni decidir qué están pensando o por qué actúan de cierta manera?
Cómo se hace para no hacerse cargo de la cara de los demás... o de sus palabras.
Cómo se hace para no sentirse buscada por mi utilidad pero casi nunca para compartir o para saber qué es de mí?
Cómo se hace para no responder cuando sólo se te llama por una necesidad y no por amistad, cómo se hace para dejar de ayudar a pesar de saberlo?
Cómo se hace para no medir mi propia importancia por lo que me demuestran los demás?
Cómo se hace para hablarte sin hablarte, para esperar sin esperarte, para aceptar realmente aceptándote?


Cómo hago para creerte si mi evitás, si considerás que cuidarme es no escucharme ni compartirte, si no me hablás sino hasta que yo te hablo, si no me decís la verdad aunque duela?
Cómo se hace para no decirte lo que siento con mis manos, con el aliento, con la mirada, con mi yo entero... cómo, cómo se hace para dejar pasar lo bueno, verlo morirse y mentirse afirmando que dejarlo ir, eso, es lo mejor.
Cómo se hace para dejar de mentirnos a nosotros mismos, para dejar de convencer a los demás de lo que no creemos, de que somos fuertes, de que podemos solos...
Cómo se hace para dejar de buscar recetas para vivir y de darlas a quien no las pide... ni las necesita... porque no sirven.

Cómo se hace... para brillar cuando se tiene rota el alma.
Cómo se hace para resguardarse al darlo todo de uno mismo...
Cómo hago para no ser yo quien da siempre el primer paso, para no sentir que lo hago porque sólo me importa a mí, para creer, de veras creer que los otros me esperan tanto como yo a ellos, aunque nunca o casi nunca se movilicen hacia mí ni se cuiden de demostrármelo.
Cómo...
Cómo se hace para creer que se quiere mi amistad cuando no me preguntan ni escuchan ni buscan saber de mí... ni por mí.
Cómo hago para decir lo que quiero decir... y callarme cuando no puedo.
Cómo hago para ser feliz, para aprender a vivir sin ustedes?
Cómo hago para no depender de lo que digan, para ser sin mirar con quién, para estar sin necesidad de amar, para compartir sólo por satisfacerme a mí, para aprender a irme sin mirar atrás?
Cómo hago para obviar todo lo que estoy sintiendo y lo que sentí, para convencerme de que todo pasa cuando no se me pasa?
Como se hace para vivir sin maravillarse y sin buscar la magia, para madurar sin enfriarme ni calcular?
Cómo se hace para dejar de creerse las mentiras que quiero creer y las que no quiero?
Cómo, cómo se hace...
Cómo se hace para dejar de reclamarte que me quieras, para dejar de provocar que te alejes más y más?
Cómo, para dejar de darle vida y forma y cumplimiento a todos esos temores que me atotmentan de por vida?
Cómo abandono el pánico y la angustia de descubrir que yo fui quien hizo que te fueras?
Cómo se hace para perdonar las heridas de toda una vida... que me llevaron a actuar así...
Cómo hago para dejar de regresar al infierno cada vez y de arrastrar a las personas que amo, conmigo?
Cómo reconcilio las partes de mí que se detestan, que me miran al espejo y me convencen de que no debí haber nacido...
Cómo, cómo....

Cómo se hace para no involucrarse cuando se lo dio todo, cuando se jugó todo, cuando se confió en que también se me daba lo mismo, y no se dudó... cuando te das cuenta de que estabas... jugando en serio... pero sola.

Cómo se hace, cómo mierda se hace para dejar de amarte y pensarte y esperarte y desearte y darte? Cómo, para creerte que aún me querés cuando desaparecés... cuando me convencés de que se puede pero no estás ni me hablás ni me buscás aunque más no sea para hablar... 
Cómo mierda se hace para no perdonarte cada vez... aunque eso te aleje más y más... cómo hago para sacarte... de ese lugar adentro mío... donde no te querés quedar... u_u 

6 de julio de 2019

Tormentas


¿Por qué regresa por la noche el infierno, el dolor, la desdicha? 

Será que esas eran las horas en las que te tenía más cerca y ahora, ahora que no estás, ese vacío duele a esas horas... y comienza la tormenta. 


Empiezo a ver cómo se nubla, cómo se cierra el cielo y los truenos lejanos electrizan el aire.


La tormenta no está afuera; está adentro, no hay forma de escaparse de esta... no existen refugios de uno mismo, los rayos tienen que caer; piedra, granizo... agua... llanto. 


No sirven los paraguas... sirven las manos que sostienen, que abrazan y que ayudan a pasar... la tormenta. 


Esa que nace adentro, que duele en cada relámpago y que arrasa con todo... menos con lo que duele, con los recuerdos... los más dulces... y los más siniestros, esos que uno deforma con su pensamiento.








Hay que pasarla... la mayoría de las veces solo. Porque no todos son capaces de quedarse a verla pasar, los pusilánimes abundan, esos que ante lo oscuro deciden irse y admitir que no pueden. 


No puedo llamarles valientes, a eso que admiten que no pueden y huyen... dejando atrás a un desvalido. 


No puedo, porque yo, que he quedado muchas veces atrás, en medio de la tormenta, yo, no sé de dónde,  yo, que he admitido que no podía, yo me quedé, cada vez me quedé ante otras tormentas que no eran mías, aunque me dolían... 


Me quedé... porque los otros desvalidos eran como yo, frágiles, solitarios. 


No era justo que los dejara enfrentar la tormenta solos. No podía verlos sufriendo, aunque no supiera cómo, me quedé... es mejor que quedarse solo... ¿no?



Es quien soy yo. Es lo que puedo hacer... es mi huella en este mundo, la empatía remarcada, que me asedia aunque no quiera, desmedida y me hace olvidarme di mis propias tormentas... hasta que estoy sola frente a ellas. Esa soy, y no sería otra, no querría. No podría cambiar eso... porque dejaría de ser... quien soy.



Quizás... quizás era justo y conveniente que yo enfrentara mis tormentas en soledad (conveniente para quién, me pregunto), que fuera dejada atrás por aquellos a quienes yo nunca, jamás dejaría. Que me vean y decidan que no hay ayuda posible, que tendré que enfrentarlo sola, que es por mi bien... que lo que no mata fortalece...


Es un precio demasiado alto. Capaz no mata... pero endurece. O sí mata: mata la empatía, el corazón... Es un precio demasiado alto, repito, estar solo.










Y están los que no ven que llueve, porque sus propias tormentas los enceguecen... Y estamos los que vemos las tormentas de otros a través de las nuestras, aunque las veamos apenas. Y están los que no pasan tormentas, ni las llevan, ni las quieren, ni las ven... ni las ayudan a pasar, los que se alejan, siempre se alejan. Y sonríen.


¿Será que hay que fingir que no llueve entonces, para no quedarse solo? A veces... siento que sí.


Sein embargo, temo. Temo que las tormentas un día se descontrolen y no paren aunque se haga de día. Que el infierno triunfe y se me acabe le vida y la sonrisa y la luz y la risa... y todo eso temo. Lo temo porque es lo que pasa ahora... pasa la noche, pasa el día,, vuelve la noche... y sigue la tormenta... o parece que para y no... empieza con más fuerza... y me destroza los árboles, me inunda los ríos y me anhega los prados, los deja salados, demacrados, pálidos y sin sol, sin ganas de algo, con ganas de nada y con la desilusión en la mirada siempre húmeda y callada... y la voz muerta, ahogada, que sólo suena para que retumben los truenos, los dolorosos trenos...


Temo que terminen conmigo y se vuelva todo más frio, que yo elija morir para dejar de estar empapada de tormenta... Que el agua no dé lugar a la vida sino a un pantano, adonde ahí sí, nadie va a aventurarse a buscar a un desvalido, porque los pantanos... los pantanos son tóxicos, evenenan. Hay que apartarse de lo pantanos. En los pantanos viven  los ahogados... y los ahogados te miran... y no pueden decir nada de nada, porque el agua de la tormenta les tapó la voz y ya no hay nada que decir. Porque no vale la pena. Porque... ¿por qué? Porque no tenía fuerzas suficientes para pasar la tormenta...




Quizás... ¿yo soy la pusilánime entonces?