21 de noviembre de 2018

El Otro


Hoy me estoy acordando de un tema recurrente en mi olla oscura (no esta, sino la que llevo sobre los hombros).

El otro... (léase con un eco mental)



¿quién es? ¿dónde está? 

En todos lados, donde mires, hay un otro.

   Hace varios años atrás, alguien me dijo "el otro es el infierno". Creo que es una frase de Sartre. Había una catequesis detrás de ella que ya no recuerdo, pero seguramente tenía que ver con un Cristo abrazando ese infierno... Sí, algo de eso había. No me resultó especialmente emotivo, aunque si impresionante la idea, en general...como la mayoría de las cosas que me dicen cuyo sentido es sino oscuro, alterante (me refiero a que me saca de mis moldes), me quedé pensando en eso... En realidad creo que esa frase disparó un pensamiento que todavía no se detuvo y sigue rebotando en mi cabeza (que eso no genere la idea de que está vacía, por favor).

El otro es el infierno. 

   El otro es alguien que no soy yo, es quien va a poner de manifiesto que soy diferente de. El otro altera mis espacios personales, pero también es un punto de referencia: estoy más cerca o más lejos de. El otro también me referencia: soy más alto o más bajo que, o soy como, o me parezco a... El otro me distorsiona, me define, me demarca. El otro es un espejo que no es espejo porque lo que veo no soy yo sino mi proyección... o lo que el otro proyecta sobre mí, me pienso a través de lo que el otro me dice de mí... o de lo que yo pienso que piensa de mí. Y lo interpreto según lo que yo interpreto. Da mucho qué pensar el otro. Es cuando hace algo distinto  de mí que el equilibrio se estremece. Los límites corren peligro de ser invadidos... es como un choque de planetas. Pero...

¿Por qué debe ser un choque?

   No hace tanto, un profe de la facultad también introdujo lo que para mí fue un neologismo: otredad... término que alterna con alteridad. Curiosamente, empecé a ser más sensible a esos términos (bah, es algo bastante común para cualquiera, que cuando trata sobre un tema en profundidad -o no- de repente es más consciente de que el tema siempre estaba presente, sólo que nunca antes lo notó). A lo que iba: el profe abordó el tema desde otra perspectiva, pero en definitiva, creo, era la misma: los bárbaros. Los que balbucean, esos que no hablan como yo, que no hacen las cosas como yo y (quizá por ende), no las entienden como yo. Él decía que los límites se crean para protegernos de la otredad invasiva, bárbara, pagana, salvaje.. ¿anormal? y me refiero a anormal en contraste con la norma. 

    La norma nos estandariza, bien. Depende de cómo se lo mire, puede ser algo positivo o negativo. Me enfoco en lo positivo: nos ponemos de acuerdo, entendemos los mismos símbolos, y otorgamos los mismos sentidos a ciertas cosas que compartimos. Ok. Todos contentos, paz y bienestar social. En lo negativo: somos ladrillos de la misma pared (y creo que eso lo podría resumir, aunque el tema daría para rato), hormigas del mismo hormiguero. Pero aparece otro, una abeja, una araña, un tipo que habla desde otra perspectiva y el universo se altera, yo me altero.

   Empiezo a dudar si lo que hacía como lo venía haciendo está bien; hablo desde mí; quizás a otros no les ocurra: Yo dudo, aún cuando mi forma de vivir funcionaba para mí, dudo. Y es esa duda la que lleva al planteo de que quizás realmente no funcionaba sino que me convencí de ello porque no conocía otra forma. O me molesto, porque no hace las cosas como yo quiero que se hagan, no las deja a mi manera. Mi manera estaba bien: de repente aparece el otro y viene el caos. El infierno. Choque. 

¿Por qué debe ser un choque?

     El otro. No sé lo que piensa el otro. No sé si sus gestos son lo que creo, o si interpreto lo que yo quiero, si espero algo que no es, si proyecto. O malinterpreto o si, lisa y llanamente me están tomando el pelo y yo me lo tomo en serio. Esto último ocurre con bastante frecuencia, pero ya estoy bastante acostumbrada.

   De repente pienso en mis hermanos. Tengo muchos. (Bah... no los "tengo"). Pero empezaron a aparecer, yo misma aparecí y cada día nos fuimos estorbando unos a otros. Pero empezamos a entendernos más o menos. Sin embargo entiendo que fue un choque para alguien cada aparición. Los mayores aprendimos más o menos a esperar ansiosos, la llegada del nuevo otro. Y digo más o menos, porque en cierto punto sabíamos que se repetiría la historia de la alteridad familiar: a ver quién lo cuida, en la pieza de quién va a ir, quién lo va a hacer dormir, por qué yo, etc... Aunque también admito.... a mí, a mí me daba curiosidad por saber, quién sería, en quién se convertiría. Qué significaría para mí. En realidad... eso me pasa con cada persona que he conocido, que me agrada o me desagrada, que me deja una huella. ¿Qué vas a significar para mí?.... ¿Qué seré yo para usted?

    De repente pienso en mis amigos... y en mis enemigos. Choques... pero también afinidades. Creo que por mis amigos empecé a entender a mis enemigos. Sí, también por mis hermanos. Pero sigue habiendo un choque. Dejo acá, pero no termina acá... Todavía me voy pensando:

¿Por qué debe ser un choque?